
En un mundo cada vez más globalizado, el desplazamiento de especies de un territorio a otro se ha convertido en un fenómeno habitual, ya sea de forma intencionada o accidental. Esto ha provocado que muchas especies convivan en ecosistemas que no son los suyos de origen, generando, en algunos casos, graves desequilibrios ecológicos.
Para entender mejor esta realidad, es fundamental distinguir entre especies autóctonas, alóctonas y exóticas (invasoras), tres conceptos que a menudo se confunden pero que tienen implicaciones muy distintas para el medio ambiente.
Las especies autóctonas, también llamadas nativas o propias, son aquellas que han evolucionado y se han desarrollado de forma natural en un territorio determinado, sin intervención humana, a lo largo del tiempo. Estas especies forman parte de los ecosistemas locales desde hace miles o incluso millones de años, estableciendo relaciones ecológicas complejas con otros organismos del entorno, como depredadores, presas, polinizadores o simbiotas.
Este vínculo natural hace que las especies autóctonas tengan un papel fundamental en el equilibrio de los ecosistemas, puesto que se han adaptado a las condiciones ambientales específicas de su hábitat.
Las especies alóctonas son aquellas que no son propias de un territorio determinado, sino que han llegado a este lugar procedentes de otras regiones geográficas, ya sea de forma accidental o intencionada, y con la mediación humana.
A diferencia de las especies autóctonas, las alóctonas no han evolucionado de forma natural en el ecosistema en el que actualmente se encuentran. Sin embargo, no todas las especies alóctonas son perjudiciales. Algunas pueden convivir con especies nativas sin causar grandes impactos ambientales.
Las especies exóticas invasoras son un tipo específico de especies alóctonas que, una vez introducidas en un nuevo territorio, se establecen, se propagan de forma acelerada y causan impactos negativos sobre los ecosistemas, la biodiversidad, la economía o la salud humana.
Estos organismos a menudo carecen de depredadores naturales en el nuevo hábitat, lo que les permite multiplicarse sin control y competir con las especies autóctonas por los recursos como el espacio, el alimento o la luz. Además pueden transmitir enfermedades, modificar los hábitats o incluso provocar la extinción local de especies nativas.
La lucha contra las especies exóticas invasoras no es sólo responsabilidad de las administraciones o científicos. La ciudadanía tiene un papel fundamental en la detección precoz, la prevención y la sensibilización frente a este problema ambiental.
A continuación te proponemos algunas acciones concretas que puedes realizar como ciudadano o ciudadana para proteger la biodiversidad local:
Secretario de la Asociación Biomediterrània





