
El sapo corredor (Epidalea calamita) es uno de los anfibios más singulares y adaptables de nuestros ecosistemas. A pesar de su discreta presencia, juega un papel fundamental en el equilibrio de los ambientes naturales, especialmente en zonas con humedales temporales y hábitats abiertos.
En Cataluña, esta especie se enfrenta a múltiples amenazas que ponen en riesgo su supervivencia, desde la destrucción de su hábitat hasta los efectos del cambio climático. En este artículo exploramos las características del sapo corredor, su distribución en el territorio catalán y las acciones necesarias para garantizar su conservación.
El sapo corredor (Epidalea calamita), antiguamente conocido como Bufo calamita, es un anfibio anuro de tamaño medio, fácilmente identificable por varios rasgos distintivos. Puede alcanzar los 8 cm de longitud, aunque los ejemplares adultos suelen medir entre 5 y 7 cm. Su cuerpo es robusto y corto, con patas relativamente cortas que, a diferencia de otros sapos, no están adaptadas para el salto, sino para andar y correr.
Su coloración es muy variable, generalmente de tonos marrones, verdosos o grisáceos, con manchas irregulares y a menudo una línea dorsal clara de color amarillento o blanquecino, muy característica. Tiene la piel granulada, con numerosas glándulas que pueden secretar sustancias tóxicas como mecanismo de defensa.
En cuanto al dimorfismo sexual, los machos son ligeramente menores que las hembras y, durante la época de reproducción, desarrollan callosidades nupciales en las patas anteriores. También poseen un saco vocal interno que emiten como un reclamo agudo y monótono, audible a varias decenas de metros, especialmente en noches húmedas de primavera.
El sapo corredor presenta una gran capacidad de adaptación a los hábitats abiertos y arenosos, prefiriendo ambientes con vegetación despejada, suelos blandos y presencia de agua temporal. A diferencia de otros anfibios que requieren zonas húmedas permanentes, esta especie muestra una preferencia marcada por balsas temporarias, charcos estacionales, cunetas inundables, campos abandonados y dunas litorales.
En Cataluña, su distribución es bastante fragmentada pero presente en diversas zonas del territorio. Puede encontrarse desde sectores litorales hasta áreas del interior, siempre que haya hábitats adecuados para la reproducción. Las principales poblaciones se localizan en:
Fotografia de David Perez con licencia CC BY 3.0
El sapo corredor (Epidalea calamita) presenta un ciclo biológico estrechamente vinculado a la disponibilidad de agua temporal, mostrando una gran capacidad para aprovechar oportunidades reproductivas en entornos cambiantes.
La reproducción tiene lugar entre marzo y junio, coincidiendo con las primeras lluvias primaverales que generan charcas temporales. Los machos acuden a los puntos de agua y emiten un canto agudo, rápido y monótono que puede recordar un zumbido persistente. Este reclamo puede sentirse de lejos y sirve para atraer a las hembras.
Las hembras depositan los huevos en largas cuerdas gelatinosas, que pueden contener entre 1.000 y 4.000 huevos. La puesta se adhiere a la vegetación acuática o al fondo de la charca.
Tanto los adultos como los renacuajos tienen dietas adaptadas a su entorno. Los adultos son carnívoros y se alimentan principalmente de insectos, arácnidos, gusanos y otros pequeños invertebrados. Los renacuajos, en cambio, tienen una dieta más oportunista, consumiendo restos orgánicos, algas e incluso otras larvas en condiciones de competencia extrema.
Una de las características más singulares del sapo corredor es su forma de desplazarse: no salta como otros anfibios, sino que anda o corre con movimientos rápidos y cortos. Esta conducta le da una gran movilidad para colonizar hábitats nuevos o temporales.
Durante los períodos secos o de calor intenso, puede entrar en estivación, enterrándose en el suelo blando para reducir su actividad metabólica. También puede hibernar en invierno en refugios subterráneos, piedras, o agujeros abandonados.
Foto de DavidDelon
La conservación del sapo corredor no depende sólo de instituciones o expertos. Todos podemos jugar un papel clave para proteger a esta especie y los hábitats que le rodean. Pequeños gestos y acciones locales pueden marcar una gran diferencia para garantizar su futuro. Algunas acciones que puedes realizar son:
En Biomediterrània, trabajamos para proteger los anfibios y la biodiversidad del territorio mediante proyectos de restauración de hábitats, educación ambiental y seguimiento de especies como el sapo corredor. Puedes colaborar como voluntario/a, participar en jornadas de campo, difundir nuestra labor o realizar una donación para ayudarnos a continuar protegiendo la fauna autóctona.
Secretario de la Asociación Biomediterrània